Juan Pablo II se reunió el pasado sábado 3 de mayo con alrededor de 700.000 jóvenes en el distrito de Latina. El aeródromo de Cuatro Vientos se convirtió por un dia en un improvisado lugar de encuentro para cientos de miles de jóvenes llegados desde todos los lugares de España y otras partes del mundo, que recibieron a un rejuvenecido Papa como a una estrella del Pop. Algunas calles del barrio de Aluche y sobre todo del barrio de Las Aguilas fueron durante muchos momentos del día verdaderos rios de gente que acudían andando hacia el lugar del encuentro con el Papa. Bajo un intenso calor, que los bomberos tuvieron que sofocar en varias ocasiones rociando agua, los jóvenes esperaron durante horas la llegada del Papa mientras presenciaban actuaciones musicales y diversas actividades. La última vez que el Papa estuvo en España fue en 1993. Ahora, diez años más tarde, se le invitó a venir para proclamar cinco santos. Aceptó encantado, pero puso como condición que tenía que reunirse también con los jóvenes, los centinelas del futuro. Las bromas, improvisaciones y halagos fueron la tónica del encuentro, que se desarrolló horas después de su llegada a la capital. El anciano Papa, que con los jóvenes parece revivir sus fuerzas, dijo estar "profundamente emocionado" por la bienvenida y les confesó que deseaba desde hace mucho tiempo ese encuentro. En un precioso discurso, escrito con mucho cariño, como es normal en él cada vez que se dirige a los jóvenes, Juan Pablo II les animó a vencer la enemistad con la fuerza del perdón y a no ceder ante el mal. "Manteneos lejos de toda forma de nacionalismo exasperado, de racismo y de intolerancia. Testimoniad con vuestra vida que las ideas no se imponen, sino que se proponen", afirmó con energía el Papa. Recordó las palabras que pronunció hace más de veinte años en el estadio Santiago Bernabeu, durante su primer viaje a España en 1982, cuando dijo a los jóvenes de entonces: "Vosotros sois la esperanza de la Iglesia y de la sociedad. Sigo creyendo en vosotros". Preocupado por la fuerte secularización que vive Europa, el Pontífice, siguiendo en su línea, subrayó que el viejo continente no puede olvidarse de sus raíces cristianas y que los jóvenes españoles tienen que luchar por una Europa con esas raíces , "no encerrada en sí misma, sino abierta al diálogo y a la colaboración con los demás pueblos de la tierra. Se despidió de los jóvenes con un "hasta mañana" y tras la vigilia, Juan Pablo II se retiró a descansar a la Nunciatura.
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