EL OJO CÓSMICO

Descubrimiento de un linfoma

I

Cierro y abro los ojos
cierro los ojos hoy
para no recordar dolores;
abro los ojos
para sentirte cerca, amor.
No debo
me obligo,
a enfurecerme,
a llorar,
a entrar en la angustia,
a dar importancia
a las sonoras palabras
de alguien que no me quiere.
Abro los ojos
ante la carta del amigo fiel,
de la amiga que me recuerda
bellos momentos,
la que me hace reír
con discreción y picardía.
Cierro los ojos
ante la envidia y la maldad.
Abro mi ojo cósmico
para recordar
tu mano, tu caricia suave,
tu sonrisa.

II

Cierro y abro los ojos
leo, leo, leo, leo
he pasado dos semanas
leyendo sin parar.
Mi forma de engañar
el temblor del miedo,
la angustia de la espera,
las palabras que me dirán
dentro de dos semanas.
Cierro y abro los ojos.
y llevo libros al hospital
como si pudiera,
anestesiada,
operada,
inerte,
seguir leyendo.

III

Cierro y abro los ojos.
Observo que cada cosa
quede en su lugar,
agrupo papeles y libros
y preparo mi lectura
para el hospital.
Sólo falta una hora
para partir
y tengo miedo.

IV

He vuelto.
He transitado el miedo
mis manos temblaban el domingo,
temblaron el lunes
cuando pasaron el límite
de la Sala de Operaciones
pero luego vino
el sueño
y desperté.
-Ya ha pasado todo
me dijeron.
Y sentí un dolor.
-Ya ha pasado todo
repetí.
Y sintiendo la mano
de mi amor en la mía
he seguido andando.
Andaremos, amor
andaremos.

V

Me dicen que debo esperar
para saber los resultados
y
planifico
preparo un libro electrónico,
estudio mi clase de la próxima semana,
visito los amigos,
considero los poemas
para el próximo recital.
Sigo,
porque la vida continuará
y aunque los resultados
no me gusten
enfrentaré el futuro,
corazón mío,
como tú me enseñaste.
Como decías
- ... nunca pasa nada.

VI

Ya lo sé.
Quise estar preparada
para el momento
pero me sorprendió
el momento
cuando no lo esperaba.
-Tiene un linfoma,
me dijo el médico
y lo escuché
como si hablara
a otra persona.
Pero era a mí
a quien decía
que debía prepararme
para superar
esta prueba difícil.
Salí atontada
y miré la calle
y no supe dónde
debía ir.
Me apoyé en un muro
y respiré.
-Tengo un linfoma
me dije suavemente.
¿Y ahora?
Pensé en los miles
de proyectos,
en mis queridas pequeñas.
Y emprendí la marcha
preparada para vencer,
para cumplir cada uno
de mis planes,
cada uno de mis viajes.
No me vencerá.
Andaremos, amor.
Andaremos.

VII

Me prometí no buscar mi enfermedad en Internet
me prometí no leer
informes médicos
con palabras complicadas
con radiografías
y diagnósticos.
Me prometí
pero no pude cumplir.
Pero mi hado
me llevó
al lugar exacto
donde se reúnen
mis hermanos de enfermedad
y leyendo
sus palabras
me sentí acompañada.

Asociación Española de Afectados por Linfomas

VIII

De pronto descubro,
amiga,
que todo comenzó
o había comenzado
y por eso estuve tan enferma
el fin de año.
¿Cambian algo las cosas?
No lo creo.
Sólo es una fecha.
Lo que siento es,
que coincida
con el distanciamiento
de amigos tan queridos.

IX

Pánico.
Ha aparecido de golpe,
sin yo quererlo.
Por la noche,
a hurtadillas.
Me levanté y tomé tu retrato,
Pirucho mío,
y te pedí
que no me abandones.

Pánico por la entrevista
del miércoles
cuando la hematóloga
me cuente
sobre mi verdadero estado.

Pánico por tener que enfrentar
la quimioterapia
en casa, sola,
aunque queridas amigas dicen
que estarán pendientes de mí.

Pánico, amor,
esta sensación terrible
que no sé cómo controlar.

X

No te preocupes,
estarás con nosotros
cuantas veces nos necesites,
- me dice Diego,
Mar te ayudará.
Respiro.
Sé que acompañarán
mi descubrimiento
mi encuentro con la quimio,
mi capacidad de enfrentar
lo que aparezca,
y
ya me siento tranquila.

Dos jóvenes
que conocieron mi existencia
a través de mi web,
que me escribieron un día
y me contaron su amor
por la literatura,
que los fui queriendo
por su honestidad,
por su capacidad
de salir adelante
ante los problemas,
se transforman
en mis salvadores,
en mis compañeros
de lucha
frente a la enfermedad.

Como decía mi abuelita:
¡ Oh , dios mío!
ayúdales a cumplir
todos sus sueños.

XI

Siguen las pruebas.
Ayer me han quitado
un pequeño trozo de hueso
y de médula.
Me dolió.
Por qué voy a engañarme.
Pero entre la cariñosa
charla de la médica
y la enfermera
todo pareció más
llevadero.

Fuera,
en otra sala,
un grupo de compañeros
en el dolor,
sentados,
recibían su quimioterapia.

En la sala de espera
angustiados familiares
paseaban y se sentaban.
Corazón mío,
tú estabas también allí,
nervioso e impaciente
como siempre,
porque oí tus palabras
cuando traspuse la puerta.
- ¿Has visto? ya ha pasado todo.